Arte clásico:
Grecia y Roma


Grecia

Geográficamente la civilización griega llegó a expandirse desde la Grecia continental y el Peloponeso, las islas del mar Egeo, las costas e islas de Asia menor hasta la Magna Grecia, que abarca el sur de Italia. Esta cultura se ubica desde el siglo XII a. C. hasta el año 146 a. C., periodo que a su vez se divide en tres momentos o estilos: geométrico, arcaico y helenístico. 
La tradición pictórica del geométrico se desarrolla del 900 a. C. al 700 a. C. Esta etapa se caracteriza por actividades agrícolas que implicaron disputas por el territorio y un ambiente inestable para el desarrollo de actividades artísticas sofisticadas. Las manifestaciones del periodo están representadas principalmente por estatuillas de piedra y terracota.  
El Centauro de Lefkandi (900 a. C.) es una estatuilla de terracota del periodo geométrico temprano, que formó parte de dos conjuntos funerarios en las tumbas de Lefkandi.  La composición cilíndrica del cuerpo indica su modelación con un torno de alfarero, mientras que la cabeza y las extremidades fueron moldeadas individualmente. En su decoración es notable patrón geométrico que caracteriza al periodo y que fue evolucionando hasta lograr gran complejidad en el estilo. 
La Vasija de Dípylon (750 a. C.) es un ejemplar estilístico del periodo geométrico tardío. Representa una escena narrativa, aspecto fundamental de la cerámica griega. Se trata de una de las manifestaciones más antiguas de este recurso. Dicho tipo de vasija se empleaba para mezclar vino y agua como parte de la libación festiva. La pieza formó parte de un conjunto funerario; sus dimensiones y su elaborado detalle geométrico, pintado a mano, dan cuenta de que se situaba en la tumba de una persona próspera e influyente.




El periodo arcaico se desarrolló entre 700 a. C. y 480 a. C. Las transformaciones económicas y sociales que llevaron a la consolidación de la vida urbana y la democracia repercutieron en el establecimiento de nuevas formas políticas y culturales, lo que incidió en la actividad artística. La democracia originó la construcción de majestuosas obras de carácter público, y la institucionalización de fiestas y actividades culturales, entre ellas las representaciones dramáticas y poéticas. Por otra parte, Dédalo tiene relevancia en la mitología griega porque simboliza la ingeniería y la arquitectura. Incluso se le atribuye la “invención” de la escultura, y por ello las obras del arcaico se denominan dedálicas. Éstas, como el resto de las manifestaciones del periodo, cumplieron funciones funerario-votivas, funerarias o conmemorativas, y representaban principalmente a mujeres jóvenes vestidas, colocadas en posturas frontales y rígidas debido a la estructura cuadrada del bloque de cantera en el que se tallaban. 
El Frontón de Medusa (590 a. C.), ubicado en los principios del periodo arcaico, es la manifestación escultórica en piedra más antigua destinada al frontón de un templo griego. 
Forma parte del templo de Artemisa, en Corfú. En el centro de esta pieza triangular puede observarse a Medusa con cabellos serpenteantes rígidos. Pegaso, el caballo alado se en-

cuentra a su costado izquierdo y, al derecho, Crisaor; ambos nacidos de su sangre cuando fue decapitada por Perseo. Dicho aspecto indica que la pieza tiene un carácter narrativo, ya que los hechos que relata se presentan de forma simultánea. Las posturas son frontales y rígidas, con un moldeado que supera el geometrismo del periodo anterior. Finalmente, el periodo clásico o helenístico, ubicado entre 480 a. C. y 323 a. C., se caracteriza por la abundancia de piezas escultóricas elaboradas en mármol y bronce. El griego perfeccionó su oficio, al grado de lograr cuerpos con actitudes y posiciones más sofisticadas. También alcanzó un equilibrio compositivo al equiparar la correspondencia entre el ancho de las caderas y los hombros. Mediante la escultura se expresó el ideal y las aspiraciones más valiosas de la época, por lo cual es común encontrar representaciones de personajes mitológicos, como dioses y criaturas híbridas, por ejemplo, centauros, faunos, sátiros y minotauros.
Ena cultura griega clásica las artes fueron planteadas como una familia interrelacionada. Es decir, el pleno desarrollo de la arquitectura dependía de la escultura y la pintura. 
El arte dramático, a su vez, consideró fundamentales la poesía, el canto y la danza.


Roma





El prestigio de la civilización griega traspasó fronteras. Su capital, Atenas, que alcanzó renombre por sus empresas intelectuales y culturales, estimuló la curiosidad de los romanos, quienes se interesaron por saber más de la filosofía, la literatura y el arte griegos. A Italia pronto llegaron los tesoros de arte de los atálidas mediante exhibiciones públicas 
que, por el interés y admiración que despertaron, producirían un impacto intenso en el gusto de los romanos. Con ellos viajaron los artífices helenísticos que se ocuparon de embellecer la nueva capital del mundo con edificios, esculturas, murales y mosaicos. 
Algunos historiadores argumentan que el estilo romano es una copia del arte de los pueblos conquistados por el imperio, pero no sólo imitaba, sino que, aún más, perfeccionaba las joyas que llegaban a sus manos, e independientemente de su fascinación por la cultura griega tuvo importantes logros. Los acueductos, los arcos, los sistemas de drenaje, las bóvedas y los cementerios son algunos ejemplos de sus enormes aportaciones a la humanidad. 
La cronología del arte romano debe dividirse en tres grandes etapas: la primera se desarrolló entre 509 a. C. y 27 a. C., época de la expulsión de Roma del último rey etrusco y que señala la llegada de Augusto al poder. 
La segunda etapa se ubica desde la época de Augusto, 27 a. C., hasta el año 192 de nuestra era. Éste es el gran momento del arte romano, en el que se sitúan las manifestaciones realizadas en el tiempo de los herederos; es decir, de todos los emperadores hasta Adriano. Fue el periodo en el que el imperio adquiere su mayor extensión territorial y se desarrolla 
su máxima creatividad artística. Y por último, el bajo imperio, desarrollado al llegar al po-
der el emperador Septimio Severo en el año 192, hasta la 
muerte de Teodosio en 395, fecha en la cual se produce la separación definitiva de los imperios de Oriente y Occidente, y las producciones artísticas cristianas se engloban bajo 
la denominación de arte cristiano o paleocristiano Coliseo, que data del siglo I, fue escenario de espectáculos ostentosos y diversiones para las grandes masas. Su forma ovalada abarca unos seis acres y podía albergar a cerca de cincuenta mil espectadores en sus gradas. Fue fabricado con concreto, obtenido a partir de fragmentos de ladrillos y piedra, tierra volcánica, cal y agua. Este material se vaciaba en moldes y, una vez seco, tenía la misma dureza que la piedra natural. 
La originalidad de la escultura romana va ligada en gran medida al desarrollo de las características físicas del personaje y del relieve narrativo e historiador, puesto que la mayor parte de los modelos de escultura monumental se basan en tipos griegos o helénicos. Sin embargo, los escultores romanos intentan reflejar los rasgos fisonómicos del personaje, retratado con la mayor fidelidad posible para que la imagen sea identificada por su semejanza con el individuo que sirve de modelo. No existe, pues, una interpretación idealizada como en el caso griego. La práctica escultórica aporta sus mayores elementos de originalidad en los relieves, pues se basa en el realismo de los temas, especialmente en su contenido narrativo.
La escultura se desarrolló en dos vertientes artísticas: la itálica, basada en el crudo realismo, y la helenística, que suaviza la forma con una clara tendencia a la idealización. Se producen, en consecuencia, abundantes bustos y esculturas de los emperadores y su familia con esa condición. No obstante, como ya señalamos, los artistas se afanaron por reflejar fielmente las características físicas del personaje para que fuera fácilmente identificado por su semejanza e igualdad con el individuo retratado

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